jueves, 7 de mayo de 2009

La Cena de los Viernes a Final de Mes


  Ella era de las duras y él de los difíciles. Extraña pareja. Los conocí harán ya un par de años. Estaba tomando una cerveza con Nuria en la plaza de España cuando se presentaron. Nuria y él se conocían, eran antiguos compañeros de clase. Los invitamos a que se sentasen con nosotros. Hacía un clima muy agradable. Una brisa marina suavizaba el calor veraniego. Pidieron un par de cañas y comenzaron a ponerse al día. Aburrido abordé a su acompañante preguntándole a que se dedicaba. Ella me dijo que se dedicaba a perder el tiempo escribiendo cuentos para niños, pero que entre cuento y cuento, digamos que de ocho a tres, repartía el correo por el barrio. Tímidamente le dije que yo tenía una librería. La herederé de mi padre cuando éste se jubiló. Le conté había estudiado filosofía pero como las cosas estaban tan difíciles, terminé por continuar el negocio familiar. 

  Esto debió de despertar su interés pues dos semanas más tarde apareció por la librería. Le buscaba un regalo. Fácil de leer, ameno y no muy grande. Quería que él lo disfrutase en los trayectos en metro desde su casa al trabajo. Hice un repaso de género, de aventuras a drama y de novela histórica a ciencia ficción. Se decantó por "Balzac y la Joven Costurera China". De paso ella se llevó "Los Premios" de Cortázar. Estuvimos hablando un rato de libros. Me contó que llevaba años buscando un libro de un escritor sudamericano que escribió un cuento de ranas que cantaban a ritmo de jazz. En aquel momento le sonó el móvil y se despidió diciendo que ya nos veríamos. Estuve toda la tarde pensando en que libro sería ese. Trabajar en una librería facilita las cosas, y más si era verano y no había mucha gente en la ciudad. Pero no pude encontrar nada parecido. Vendí un ejemplar de bolsillo de "Un Tranvía en SP" a un chico con la cara llena de acné y poco más. El resto de la tarde estuve leyendo "Robison Crusoe". Todos los veranos lo releía mientras soñaba con irme de vacaciones a una isla desierta. 

  Volví a saber de ellos una semana más tarde. Nuria recibió un correo electrónico en el que nos invitaban a cenar. Pasó a recojerme por la librería y fuímos por el paseo marítimo hasta su casa. Mientras caminábamos me estuvo contando que los conocía desde los primeros años de la carrera, en especial a él, con el que compartió más de una noche de estudio en la terraza de sus padres. Él y ella tuvieron a Bernardo en común durante mucho tiempo, tanto que cuando éste desapareció creo un gran vacío que jamás se ha llenado. Ella perdió a su hermano. Él a su mejor amigo. No volvieron a ser los mismos. Nadie supo cuando empezó su relación pero Nuria me contó que pasaban mucho tiempo juntos recordando a Bernardo, viendo sus fotos o leyendo los poemas que escribió. Tras varios meses en los que la tristeza se convirtió en depresión la familia de Bernardo decidió mandar a su hija con sus abuelos maternos. Pensaban que un cambio de aires le haría bien pero ella no se dejaba ayudar. Se llevó consigo las fotos y todas las tardes les leía algún cuento que ella misma escribía. Y sin embargo en todo ese tiempo nadie la vio ni llorar ni sonreír. Él fue a buscarla cuando terminó el curso. Me dijo Nuria que no soportaba estar solo y que tenía cambios de humor repentino. Sus lágrimas florecían con demasiada facilidad y reía sin control, como los locos, sin que nadie pudiese entenderlo ni siquiera él. 

  La cena fue bien. Él me agradeció la elección del libro y estuvimos hablando sobre algunos autores como Orhan Pamuk o Günter Grass. Nuria y ella estuvieron hablando de la casa y del trabajo. Pasamos una velada muy agradable que hemos ido repitiendo muchos viernes a final de mes y sin embargo todavía hoy no puedo recordar ningún momento en los que viese, a ella sonreír y a él, reír sin agonía.

lunes, 4 de mayo de 2009

Ley de la Simplicidad


  La Iniciativa de Kuk Seldon (Séptima parte y epílogo)

  "Cuando un sistema que deja de cumplir las condiciones para considerarse un sistema complejo abstracto, deja de poder predecirse su comportamiento. Su comportamiento puede afectar de otros sistemas complejos por una simple ley de acción y reacción dentro de la incertidumbre que el mismo genera".

   Siempre se ha dicho que la historia la escriben los vencedores, pero en el caso de la historia de Seldon, una gran parte de ella permenece oculta y enterrada por la leyenda. Fue en Costa Rica, en un exilio forzado con su familia donde encontró una salida al desequilibrio que habían creado las leyes de Kuk en el mundo. Asumía su culpa, a pesar que la mala utilización de dichas leyes provenía de otras personas. El mundo no debía seguir soportando la carga de unos pocos.

  Los pocos documentos escritos que se conservan hacen pensar que Seldon encontró la solución al problema entre las conversaciones que tuvo con Gabriel Rice. Las leyes de Seldon no pudieron aplicarse a los estudios sociales, hasta la intervención de Kalinowski en el sistema económico. No obstante la acción de Seldon volvió a cambiar esto. Tricia lo definió años más tarde como el último don que Seldon dejó al mundo, el del libre albeldrío lejos de las leyes que él mismo había creado. Kalinowski no llegó a hacer ninguna declaración. Los movimientos sociales que desencadenó la acción de Seldon empujaron a algunos alborotadores a atacar las sedes de la empresa de Kalinowski acabando con su vida en los meses siguientes al discurso de Seldon en Times Square.

  Era una mañana de octubre del año 2039. Los árboles empezaban a mudar color de sus hojas y desde el avión los bosques de que rodeaban Nueva York eran una alfombra tejida con rojos, amarillos y ocres. Seldon estaba bastante tranquilo. Una hora antes de que su vuelo aterrizase en el aeropuerto JFK bromeaba con su compañero de asiento sobre el tiempo que haría esa tarde para su discurso. Lo consultó en una base de datos que años antes había creado. Sol, con ligeras rachas de viento. Temperaturas en torno a los quince grados centígrados. En el aeropuerto lo esperaba Roger McKenzie, uno de los principales asesores de la cadena de televisión CNN. Todo estaba organizado para que diese un discurso desde Times Square, dentro de un programa organizado por la CNN por un mundo más sostenible. Al contrario que en el discurso de los premios Nobel, Seldon estaba bastante tranquilo. Subió al escenario con paso resuelto, miro al cielo y comenzó su discurso que había estado escribiendo durante más de seis meses. Todo estaba planeado, él era la última variable de la ecuación con ese discurso y con su acción ejemplar. Habló del ecosistema y de la explotación de éste y de como la comercialización de los ecosistemas a través de las empresas no era la solución. Habló de como las compañías explotaban a los trabajadores y como éstos se hallaban sutilmente drogados en por el consumo. De como la sociedad se iba separando cada vez más en estratos económicos, de como se perdían los valores y la cultura. Habló del futuro que les deparaba. Millones de personas estaban viendo el discurso a través de las redes de televisión e internet, pero lo miraban anestesiados, como el que ve una guerra por televisión y ve que los muertos, la sangre y las mutilaciones son irreales. Entonces Seldon golpeó con el bastón de la realidad. Tomó veinte nombres al azar, y les describió que estaban haciendo, que estaban pensando, que habían hecho ayer y que harían después del discurso. "Las leyes de Kuk repararían lo que las leyes de Kuk torcieron", dijo. Entonces sacó de su bolsillo una píldora verde y un libro. Dio las gracias a su familia y a sus amigos por haber compartido su vida con él, y se tomó la píldora mientras leía delante de las cámaras los primeros párrafos de 1984.

   El suicidio de Seldon abrió la caja de Pandora. El presidente Shaffner intentó hacer caso omiso a los movimientos sociales que empezaron a gestarse tras el discurso de Seldon. Tal y como dijo Seldon, pues fue uno de los veinte elegidos en su discurso. A la oposición le resultó realmente fácil acabar con el presidente, ya que conocían todos y cada uno de sus movimientos. Shaffner presentó su renuncia a finales de ese mismo año. Kalinowski todavía aturdido por los hechos empezó a ver como el sistema empezaba a presentar ciertas singularidades que hacían imposible predecir los siguientes movimientos económicos. Unos de sus socios, Gregory Smithson, tal y como predijo Seldon, le retiró su apoyo una semana antes de que el Movimiento de Sostenibilidad encabezado por Marian Le Blanc, atacase una de las sedes de la compañía de Kalinowski. Le Blanc también fue una de las veinte personas de las que Seldon habló en su discurso, y encontró en el liderazgo del Movimiento el sentimiento de bienestar que había estado buscando toda su vida. José Jiménez, jamás llegó a saber quien fue Seldon, pero vió como las grandes compañías cafeteras se retiraban de las montañas de Colombia. El principio fue duro, pero tras varios años organizó una cooperativa con ayuda de su hijo que había leído algo del profesor Pereira. Tal y como predijo Seldon, vivió en general una vida feliz sin abandonar los cafetales que durante generaciones había mantenido a su familia. 

   Con todo esto, es justo poner fin a la biografía de Seldon diciendo que ésta terminó tal y como él lo predijo cuando habló del último de los veinte. Con estas palabras: "Y escribirá sintiéndose que había terminado su labor, que la vida de todos los hombres están conectados y que aunque hacía tiempo que Seldon había muerto, sus aguas siguen bañando las costas de la humanidad recordándonos que todos pertenecemos al mismo sistema abstracto".

domingo, 3 de mayo de 2009

Pagados por las Colonias


   Cuando la edad de los héroes llega a su fin, es el destino de los poetas mantener su recuerdo vivo a través de los tiempos, y así, el día que vuelvan a ser necesarios, estos renazcan como hojas en una nueva primavera. Dejadme pues que sea mi historia la que llegue a vuestros oídos. Una historia de heroísmo y nobleza de esas que ya no quedan, de esas que los abuelos contaban a sus nietos las noches en las que la tormenta se acercaba para que esa noche soñaran con el valor.

   Bernabé de Riedra era un hombre común de los que se ganaba la vida alquilando su brazo en tiempos de guerra. No era un espadachín brillante, ni siquiera era un hombre de alma pura, pero era un hombre de palabra. Corrían tiempos difíciles en las colonias. El enemigo había adoptado una nueva estrategia, la de incitar al pueblo a la rebelión, y los impuestos eran una buena razón para ello. De esta manera, en varios meses fue necesario que una fuerza de mercenarios fuese a calmar las aguas a son de espada y algo de oro. Así que el procurador contrató a una centenas de mercenarios para poner order en la capital. Eran hombres aguerridos y bastos, de manos duras como marineros y aliento podrido por la sangre y el vino. De entre ellos destacaba un grupo compuesto por un valenciano llamado Bernabé de ojos tristes, un gaditano de piel morena y gracia en el cante llamado David y el completando el trío, Xavier, el vasco, tan grande como un buey y probablemente con el mismo corazón.

   Embarcaron desde el puerto de la Tacita de Plata hacia las colonias. Hacinados en una fragata junto a otras mil almas que iban a ganarse la vida a otras tierras. Atrás quedaban familias y amigos, bocas a las que alimentar con las esperanzas puestas en que el centenar de mercenarios que partían, traerían los dineros que le darían de comer durante al menos un par de años. En el caso de Bernabé, dejaba atrás una mujer de cabello negro y palabras certeras que era la madre de dos almas, Mario, el mayor y Laura, la pequeña, que compratían con su madre el sabor de la verdad y la curiosiad de los gatos. El gaditano, que había conocido a Bernabé durante el mes que tuvieron que esperar antes de embarcar, dejaba a una mujer de dientes torcidos y a una querida, que le había buscado más de un problema con su marido. De hecho, en una noche de borrachera le declaró a Bernabé que se iba a las colonias mientras se calmaban un poco las aguas, fuese a ser que un día encontrasen su cadáver en las playas de Puerta de Tierra. El viaje duró más de un mes, y un algunas tormentas hicieron su vida peligrar de un hilo en un par de ocasiones. Llegaron a su destino cansados y desnutridos. El recibimiento fue hostil. La población los veía con malos ojos. Eran las espadas de alquiler que iban a poner orden durante varios meses. Al fin y al cabo asesinos contratados por el procurador del rey cuyo trabajo era hacer que siguiesen fluyendo las riquezas al reino. Un par de muertes ejemplarizantes harían el resto.

   El centenar de hombres se establecieron en el cuartel de la Buena Esperanza, junto a la fortaleza que dominaba toda la ciudad desde la colina de San Esteban. Ésta no era muy grande, no más de diez mil habitantes, la gran mayoría familias que habían viajado al nuevo mundo en busca de un pedazo de tierra que labrar sin la avaricia de la nobleza nacional. La misma noche que llegaron a la ciudad comenzaron los altercados y un par de soldados resultaron muertos en una reyerta. Ya se sabía que aún teniendo una espada y un buen cuero para protegerse, un pincho o una daga bien podían dejar seco un hombre si se lo colaban por debajo de las costillas. Al día siguiente el procurador estableció una nueva ley por la cual no se dejaba pasear por las calles de la ciudad una vez el sol tocase en el horizonte. Lejos de calmar las cosas eso excitó aún más a los revolucionarions y las cosas se pusieron realmente difíciles para soldados, mercenarios y los agentes de la corona. Fue la mañana de un martes cuando estalló lo peor. En una reyerta entre un campesino y un soldado una niña resultó muerta por herida de mosquetón. Fue el principio, y como siempre pasa, pierden más aquellos que menos tienen. Ni Bernabé, ni David ni Xavier sabían el importante papel que iban a desempeñar para la historia de esa pequeña ciudad.

martes, 28 de abril de 2009

La Ley de la Reactividad de la Complejidad


La Inicitiva de Kuk Seldon (Sexta Parte)

     "Todo sistema reacciona a un estímulo si este vence las barreras de homogeneidad y comunicación entre las distintas partes del sistema."

     El artículo titulado "El Nuevo Orden Mundial ha llegado" causó un gran revuelo público. Por primera vez una voz conocida se alzaba por encima de los medios controlados por la administración Shaffner. Seldon comezó a dirigir un par de grupos de trabajo de concienciación nacional apoyados por varios premios Nobel, escritores de prestigio y actores comprometidos co el desarrollo justo. Enemigo de las grandes multitudes y de los grandes discursos, Tricia comenzó a ayudarle en la parte pública apareciendo en alguna que otra conferencia. Los grandes periódicos estadounidenses afines con la oposición de la administración Shaffner comenzaron a compensar la propaganda política de los medios gubernamentales. Apareció en varias entrevistas en televisión. La edad había dado mayor profundidad a su expresión y la experiencia mayor fuerza a sus palabras. Tanto Kalinowski como la administración Shaffner eligieron duros competidores para restar importancia a las palabras de Seldon. En principio la vicepresidenta de los Estados Unidos, Sarah Richarson, compadeció frente a los medios tachando a Seldon de antipatriótico y comunista, pero las viejos miedos del imperio se habían ido diluyendo en el consumismo y el bienestar. Comunismo y anarquía eran palabras tan temidas como lo podían ser el lobo de caperucita roja para los niños.
     Fue entonces cuando comenzó la guerra de medios. Seldon y su grupo se ganaron el apoyo de Francis Franklin Turner, un senador que contaba con bastantes apoyos de la administración. Mientras tanto el imperio crecía gracias al asesoramiento de Kalinowski. Tras la bancarrota del gigante alemán, la vieja Europa se volvió temerosa en sus críticas hacia sus vecinos del nuevo mundo. Polonia intentó alzar su voz a través de manifestaciones estudiantiles pero fueron rápidamente reprimidas por el gobierno tras un par de privatizaciones de las fuerzas del orden. En sudamérica los presidentes Rodríguez e Ibañes de Colombia y Venezuela, intentaron en absorber el capital internacional que dominaba más de la mitad de los recursos del país. Ese año, y el siguiente, un par de nuevos partidos políticos amparados en el capital extranjero, y con un fuerte apoyo del ejército (que lucía un nuevo armamento comprado a precio de saldo a aliados centroamericanos) salieron victoriosos en las elecciones nacionales. Y por supuesto, Rodríguez e Ibañes desaparecieron de la noche a la mañana bajo acusaciones de corrupción y apropiación indebida de fondos. Varias farmaceúticas regalaron las patentes de los principios activos Tekeolanzina y Gortidal a países como India y Brasil. Erradicaron de un plumazo el Sida y la Gripe Mejicana. Pandemias que venían atacando a esos países con especial virulencia desde principios de siglo. A cambio claro está, se inició varios movimientos sociales que alababan la decisión de estas empresas y por extensión del gobierno estadounidense. Seldon fue demonizado y se le acusó de estar en contra del progreso de estos países.
     En Estados Unidos la cosa era distinta. Dentro del Imperio era donde más libertad se tenía para criticar las acciones del gobierno, hasta que este contratacaba con cifras y siglas. PIB, Nasdaq, tasa de desempleo... todo indicaban que Seldon se equivocaba, y que después de todo, el pueblo se hallaba anestesiado con los bienes de consumo que le vendían las grandes multinacionales. La política del Kalinowski funcionaba. Mejor que el desprestigio y la demonización era confundir a la masa, no dejar claro que quería decir Seldon con sus discursos naturistas y humanizantes. Que la política nacional era injusta para el resto del mundo, bueno, mientras que mis vecinos viviesen bien daba igual. Que había que comprar, consumir y producir, bueno, mientras se consumiese felicidad, que más daba. Cada vez más había nuevas máquinas de ocio, cada vez más todos estaban comunicados a través de las redes sociales, cada vez más se tenía más libertad de consumir lo que uno quisiese. Que importaba la naturaleza, esta estaba catalogada y archivada en grandes bases de datos. Desde hacía tres años la empresa BioDiversityCorps se encargaba de restablecer ecosistemas perdidos hacía más de cien años. Los discursos sobre el cuidado de la naturaleza habían quedado obsoletos. Con el suficiente dinero había empresas capaces de reproducir y restablecer ecosistemas complejos, desde la bacteria que habitaba en las raíces de una planta hasta el tigre que representaba una maravilla evolutiva. 
     Seldon estaba derrotado. La gente, la masa, el pueblo, no quería concienciarse. No quería pensar. No quería sufrir. No existía soma, pero existían otros tipos de drogas más sutiles. Seldon lo sabía. En el año 2038 huyó junto a toda su familia a Costa Rica. Necesitaba recordar donde empezó todo para dejarse llevar por el día a día. Los últimos meses en Nueva York fueron especialmente duros. Cuando su discurso se volvió repetitivo y monótono las redes sociales apagaron sus conexiones con la Iniciativa de Seldon. Se hizo invisible mientras el mundo que lo rodeaba se volvía cada vez más del color que las corporaciones dictaban. El era la nota de color discordante que solo sus amigos veían. Por eso se rindió. Por eso volvió a Costa Rica con su esperanza aquejada de una enfermedad terminal.
     Cuenta la leyenda, pues nadie ha encontrado jamás prueba alguna, que una mañana Seldon se levantó con dolor de cabeza. Buscando entre las pertenencias que Tricia había traído de Nueva York encontró un par de grabaciones de las primeras colaboraciones de Rice. Todavía dolido por la pérdida de su amigo comenzó a escuchar los principos por los cuales la sociedad no era un sistema complejo que obedecía las leyes de Kuk. Era demasiado complejo. No existía uniformidad. Rice decía en esa grabación que aunque está compuesto por muchos elementos, resulta imposible determinar porque alguien elige el color azul una mañana y no el rojo. Revisó las ecuaciones que hacía ya varias décadas habían formulado junto a Gabriel. Los parámetros sociales cumplían las leyes de Kuk. La homogeneídad que los mercados habían impuesto a la sociedad habían cambiado las propiedades del sistema y el sistema ahora obedecía las leyes de Kuk. El sistema podía cambiar. solo hacía falta un estímulo suficientemente fuerte como para que el sistema reaccionase. Esa noche dio un valor finito a la última variable con la que cambiaría el mundo.

domingo, 19 de abril de 2009

La Ley de la Competitividad Dominativa


La Inicitiva de Kuk Seldon (Quinta Parte)

     "Los elementos de un sistema complejo tienden a organizarse en elementos competitivos y colaborativos. La evolución del medio dependerá de la dominación de uno o varios de estos elementos sobre el resto si bien los elementos competitivos siempre serán antagónicos a los elementos colaborativos".


     El premio Nobel de economía del año 2030 se le concedió a Wenceslao Pereira, catedrático de ciencias económicas de la Universidad de Brasilia por sus estudios sobre los pequeños productores y cooperativas de café de Brasil y la distribución del producto basado en la relación productor-consumidor a través de redes socioeconómicas. Este estudio se extrapoló con un gran éxito a otros sistemas agrarios como el de los productores de te de las regiones de Fujian en China o el de arándanos en Holanda. Gracias a este tipo de estudios todavía sobreviven familias dedicadas al cultivo de ciertos productos generación tras generación. Ese año la arrogacia de Kalinowski se quedó sin rencompensa lo que le dio a Seldon la oportunidad de leer el periódico con una sonrisa.
     Fue la última vez que Seldon pudo leer la sección de economía con una sonrisa. A partir de ese año el periódico empezó a escribir casi una columna diaria relatando los logros de la empresa de Kalinowski. Ese mismo año el suplemento semanal dedicó un artículo de más de diez páginas a los logros de la empresa entre los que destacaban tener una de las carteras de clientes más poderosas del país. Desde la primera compañía de automóviles estadounidense hasta grandes empresas de semillas con un gran peso en algunos países sudamericanos. Estas compañías habían logrado aumentar sus beneficios hasta un trescientos por cien en un periodo de dos años. Algo impensable tal y como estaban las nuevas normativas que regían la economía mundial tras la crisis de principios de siglo. El artículo contaba con más detalle en que trataba parte del asesoriamiento a estas empresas. En principio hacían un estudio de mercado tomando una serie de muestras representativas y a partir de este desarrollaban un modelo de mercado basado en las leyes de Kuk con aplicación macroeconómica. Seldon se vio simplemente repugnado por el hecho de que Kalinowski estuviese usando las leyes de Kuk para enriquecer a estas empresas. El artículo se desarrollaba a través de una serie de cuatro entrevistas donde se hablaba de como el asesoramiento había cambiado la vida de cuatro personas a niveles distintos de la cadena. Una con el propio Kalinowski para dar algo más de combustible a su ego. Las otras fueron a uno de los directivos de una de las empresas que se había enriquecido con su asesoramiento, a uno de los trabajadores de una fábrica estadounidense que había visto como aumentaba sus horas laborales para aumentar el rendimiento de producción a cambio de un mejor sueldo y finalmente a un consumidor anónimo del producto, que veía una rebaja en su precio. Todos estaban contentos, menos Seldon y su sentido crítico. Esa misma tarde decidió buscar asesoramiento que pudiese desglosarle en palabras comunes que estaba haciendo Kalinowski y su empresa.
     Las primeras semanas fueron infructuosas. Todos las personas con las que hablaba le decían que no había nada malo en lo que la empresa de Kalinowski hacía, que solo daba consejos y directrices de actuación basadas en un par de ecuaciones excéntricas desarrolladas por Seldon. Muchos de ellos sonreían y decían que lo que sirve para la ciencia no tiene porque servir para la economía.
     A mitad de verano Seldon recibió un correo electrónico de Reynaldo Barroso. Un compañero de Wenceslao Pereira que decía que estaba interesado en colaborar para descubrir hasta donde podía llegar la influencia de la empresa de Kalinowski. Seldon nunca llegó a conocer personalmente a Barroso, pero su colaboración duró años y se centró en una serie de artículos y cartas de opinión donde alertaban que la actuación de Kalinowski podía desencadenar una nueva crisis mundial al cambiar las reglas del juego. Seldon y Barroso jamás llegaron a poder aplicar las ecuaciones de las leyes de Kuk para predecir el comportamiento de ningún sistema económico. Se toparon con limitaciones técnicas insalvables, pero estaban completamente seguros que el éxito de Kalinowski provenía de la utilización de Cloud-45, uno de los supercomputadores creados por el padre de la Informática Cuántica. Predecían que con el suficiente poder de computación y los algoritmos adecuados podían utilizarse las leyes de Kuk a casi cualquier sistema. Los primeros artículos pudieron publicarse en revistas de alto índice de impacto, pero pronto científicos afines a las ideas de Kalinowski tacharon los artículos de subjetivos y faltos de verdaderas pruebas. Tras las duras críticas saltaron a otros medios con mayor poder de difusión que pudiesen hacer eco de la protesta, pero tuvo el efecto inverso. La empresa de Kalinowski se vio bajo la avalancha de solicitudes de pequeñas empresas que querían asesoramiento. Un par de semanas más tarde se vieron obligados a detallar las condiciones que debía de tener una empresa para poder ser aceptada dentro de su cartera de clientes.
     Todo cambió cuando la administración Shaffner exigió a la empresa de Kalinowski que solo asesorase al gobierno estadounidense. Muy pocos medios de comunicación quisieron recoger las críticas de Seldon y Barroso. Fuera de los Estados Unidos la cosa empezó a ser diferente. Algunos políticos europeos y sudamericanos comenzaron a darle más importancias a sus declaraciones. Las utilizaban como armas dialécticas en las reuniones del G25, los veinticinco países con mayor capacidad económica del planeta. Veían como en el plazo de un año las mayores empresas de estos países habían sido absorbidas por grandes empresas que financiaban a la administración Shaffner. Fue especialmente escandaloso el caso de Siemens. Desde el lanzamiento de los motores de eléctricos de alta eficiencia había logrado ser la primera empresa en el sector de energético dedicado a transportes. Su política de lealtad nacional había creado más de cien mil puestos de trabajo en Alemania, negándose a mover sus fábricas a países donde la mano de obra fuese más barato. Esta política trajo muchos problemas al sector ya que sus homólogas estadounidenses no compartían su punto de vista. Desde un consorcio dirigido por Edisson-Luminac intentaron obligar a Siemens a seguir parte de las "reglas del sector" como antes habían hecho sus predecesores con los combustibles fósiles. Ésta se negó y Edisson-Luminac acudieron a la administracion Shaffner para que defiendese sus derechos ante el competidor extranjero. En un año idearon una estrategia basada en el asesoramiento de la empresa de Kalinowski que acabó con la compra de Siemens por parte Edisson-Luminac. Como primera medida, y quizás a modo de ejemplo tiránico se cerraron el noventa por ciento de las fábricas de Alemania para reabrirlas en países de mano de obra más barata.
     A raíz de este caso gran parte de la comunidad empezó a valorar las críticas que habían lanzado Seldon y Barroso. Alemania vió como su opinión pública forzaba al gobierno alemán a que luchase contra la administración Shaffner para que ésta pusiese sobre la mesa sus cartas. Y lo intentó. En el reunión del G25 del año 2034 en Praga el represante alemán amenazó con organizar una coalición del resto de países del G25 en contra de Estados Unidos, Mexico y Canada, principales beneficiarios de la administración Shaffner. Estos simplemente se marcharon de la reunión, convocando otra para seis meses más tarde en Washington DC. Fue tres meses más tarde cuando una impactante noticia sorprendió a todos los medios de noticias mundiales. El gobierno alemán estaba en bancarrota, al igual que casi todas las empresas enraizadas en este país. Seldon escribió un correo a Barroso que meses más tarde sería publicado íntegro en más de la mitad de los periódicos del mundo bajo el título del "El nuevo orden mundial ha llegado".

martes, 31 de marzo de 2009

La Ley de la Progresión Fragmentaria


La Inicitiva de Kuk Seldon (Cuarta Parte)

     "La evolución de la complejidad de un sistema que obedece la primera Ley de Kuk hacia un sistema de mayor tamaño, lleva asociada una posibilidad de fragmentación proporcional a la capacidad de progresión de cada uno de los elementos fragmentados".

     La muerte de Gabriel Rice supuso un duro golpe para Seldon. La aplicación de las leyes de Kuk a los sistemas sociales fue un fracaso del que nació una fuerte amistad. Y ahora todo se había ido. Las noches en vela junto a Rice, con un café tras otro en búsqueda de una relación directa entre las leyes de Kuk y los movimientos sociales. Empezaron por un análisis de las grandes revoluciones. La noche acogió discusiones acaloradas sobre los verdaderos instigadores de la Revolución Francesa, la Revolución Industrial o el Marxismo. Intentaron matematizar las ideas de Voltaire, los deseos de Montesquieu o los sueños de Marx. Intentaron traducir esos movimientos sociales a ecuaciones multivariables. Pero fue imposible. Existían demasiadas variables para describir de forma eficiente el mundo que rodeaba a estas figuras históricas. Seldon intentaba transformar grupos ideológicos en variables pero Gabriel insistía que era imposible predecir las decisiones de un hombre que podía cambiar el rumbo del pensamiento de la mayoría. Analizaron hasta el más mínimo detalle de los grandes estudios sociológicos desde Tocqueville y Marx hasta Giddens, Luhmann y Parsons sin resultados. Finalmente la Teoría del Conflicto dejó paso a otras charlas más banales, sobre música y cine, sobre la universidad y la política. El estudio sociológico cayó víctima de Vivaldi, Couperin y Marais. Los años pasaron y Tricia vio como la noche de los jueves Seldon y Rice abandonaban las ecuaciones para divagar sobre el Renacimiento y la política acompañados de una botella de JW. La noche que Anthony llegó a casa tras la muerte de Rice, Tricia no supo como consolarle. Pasó varias noches en vela, escuchando los discos que Rice le había ido regalando durante todos esos años.
     Seldon pasó todo el invierno ausente, encerrado en su despacho, hosco y ermitaño capaz de gruñir a todo alumno que se acercase a preguntar por su ausencia continuada en la asignatura de Modelos Complejos. Fue la noticia de que Kalinowski había fundado una empresa de asesoramiento económico lo que lo sacó de su retiro. Lo descubrió leyendo el periódico. Mientras leía las cuatro columnas que relataban el hecho no podía de dejar de sentir ira contra su antiguo colega. Esa empresa representaba todo lo que odiaba. El uso de un descubrimiento científico para usos personales. No obstante esperaba que volviese a fracasar como lo había hecho antes en Helmson & Barry Brothers. Dos días más tarde recibió una invitación de Kalinowski para reunirse con él en Nueva York. La rechazó. No quería hablar con él. No obstante fue una conversación un par de meses más tarde con Laura Rose la que despertó una gran curiosidad en él. Según contaba Laura, su viejo colega se había asociado con un ambicioso informático deseoso de dinero y gloria. En principio no hubiese pasado de ahí sino hubiera sido porque el informático en cuestión fue un antiguo alumno de Seldon que hizo un brillante trabajo en la búsqueda de algoritmos paralelos a las leyes de Kuk. Completando el equipo de trabajo se había unido Walter Beckman, economista de la Universidad de Yale que había actuado como consejero en el anterior gobierno. 
     Coincidiendo con los primeros días de primavera Seldon rompió su retiro para dar una conferencia en Cold Spring Harbor. Fue allí donde volvió a encontrarse con Kalinowski. Éste lo abordó la noche que llegó al Campus. Lucía la misma sonrisa que la noche de Acción de Gracias. Le invitó a sentarse en un banco y allí le dijo que sentía la pérdida de Rice y que tenía dos importantes noticias que comunicarle. Seldon se sintió asqueado por la frialdad con la que habló de la pérdida de su amigo. Kalinowski había compartido alguna que otra noche antes de que lo reclamasen otros intereses. Ahora parecía que hablaba de un desconocido. Hizo una breve pausa antes de mirar a los ojos a Seldon y decirle que se había enterado por unos conocidos que tanto él como los principales componentes de la Iniciativa de Seldon estaban en la lista de los candidatos al premio Nobel de Química de ese año. Seldon guardó silencio. Kalinowski intentó hacer un par de chistes al respecto para suavizar la tensión que se había ido acumulando durante el encuentro. Seldon siguió callado, se levantó y se fue. Kalinowski le gritó que era un estúpido y que ya se verían en Suecia si no quería que todo el mérito de los descubrimientos de las leyes de Kuk cayesen sobre él.
     Seis meses más tarde los periódicos le dedicaron una columna. "Prestigioso físico de la Universidad de Cornell gana el premio Nobel de la Química junto al equipo que el mismo formó hace más de diez años". Aunque reacio Seldon se vio obligado a acudir a su cita junto a Laura Rose y Gregor Easton. Allí estaba Kalinowski, con su sonrisa de zorro, rodeado de algún político y de otra acompañante, tan rubia como la del día de Acción Gracias. Subieron los cuatro a recibir el premio pero fue Seldon, el más conocido de todos ellos el que dedicó el premio al difunto profesor Rice. También habló de la importancia de dedicar los esfuerzos de la ciencia a mejorar el nivel de vida del ser humano y a preservar el patrimonio ecológico que habían heredado. Puso como ejemplo los trabajos realizados en Costa Rica y en el estado de Nueva York. Fue un discurso claramente emotivo que fue seguido de un pequeño resumen de las principales aplicaciones de las leyes de Kuk en el campo de la Química y la Biología. Durante la hora que duró la ceremonia Seldon olvidó sus rencores y sus ansias, eclipsado por el espectáculo y el reconocimiento de toda la comunidad científica que allí lo rodeaba. Al bajar del escenario abrazó a Tricia con los ojos llenos de lágrimas por la emoción. Abrazó también a Gregor y a Laura mientras hablaban animadamente sobre la ceremomia. Fue entonces cuando se acercó Kalinowski. Le estrechó la mano y le dijo, "enhorabuena Doctor Seldon, ha sido un gran discurso con el que ha coronado el premio que nos merecíamos desde hace bastante tiempo". La sonrisa desapareció del rostro de Seldon. Antes de que pudiese articular palabra Kalinowski añadió, "Espero que el próximo año pueda decir lo mismo cuando reciba el mismo premio, aunque esta vez en economía". El sonido se ahogó en la garganta de Seldon. Pensó que había descubierto la clave para aplicar las leyes de Kuk al sistema económico, y que si era así, el mundo estaba a punto de cambiar para el beneficio de unos pocos y el mal de muchos... el mal de todos.

martes, 24 de marzo de 2009

La Ley de la Evolución de la Complejidad


La Inicitiva de Kuk Seldon (Tercera Parte)

     "Todo sistema complejo evoluciona a un estado de mayor complejidad conforme los elementos que lo componen interaccionan entre sí".

     Los preparativos del día de acción de gracia del año 2026 contaban con que el cielo estaría adornado por bellos copos blancos y que la temperatura caería bajo cero durante la noche. Todos los habitantes de Ithaca conocían este hecho un año antes de que se produjese. En casa de los Seldon una gran calabaza naranja adornaba una mesa cubierta por un gran mantel rojo. Ese año había visita. Junto a Anthony, Tricia y su hija Laura, compartían la mesa una gran parte de los componentes de la Iniciativa de Seldon. Sentados a la derecha de Seldon se encontraba Arthur Kalinowski y su prometida. Arthur mostraba un aspecto muy distinto al que había presentado hacía más de seis años a las orillas del lago Séneca. Vestía un caro traje italiano y en sus ojos el triunfo había crecido junto a la ambición. Aburrido por las conversaciones banales de la prometida de Arthur se encontraba Gabriel Rice. Se escudaba tras sus gafas de pasta negra intentando mostrar interés a pesar de la incoherencia de la conversación. Junto a Gabriel, y en frente de Arthur y su esposa se encontraban Laura Rose y su marido uruguayo Alberto Fines. Alberto era una amante de la guitarra y charlaba animadamente con Seldon. Los restantes participantes de la cena fueron Gregor Easton con su inseparable chaqueta de cuero, Jonathan Kirlian y su esposa Magdeleine que jugaba con la hija de los Seldon. Esa noche recordaron una gran parte del camino recorrido y parte del camino que querían recorrer. La ilusión se alternaba entre plato y plato de calabaza. El pavo se acompañó de puré de patatas y de alguna discusión sobre los puntos débiles de las leyes de Seldon. No obstante el clímax no alcanzó su culmen hasta el pastel de calabaza. Arthur se hallaba discutiendo con Gabriel sobre la aplicabilidad de las leyes a otros campos cuando declaró que había comenzado una colaboración con la compañía de asesoramiento económico Helmson & Barry Brothers con la cual empezaban a tener resultados. Anthony lo escuchó desde el otro extremo de la habitación en el momento que el silencio se hacía omnipresente. Seldon se acercó hasta Kalinowski y le preguntó que por qué no había informado a nadie de ello. Éste contestó que había firmado una clausula de confidencialidad que le impedía comunicárselo a otras personas a no ser que buscase colaboraciones como estaba haciendo en ese momento. Seldon parecía enfadado pero Arthur le pidió que le dejase terminar. Ofreció parte de las ganancias a cambio de la participación el el proyecto de aplicar las leyes de Seldon al mercado económico. Seldon montó en cólera. Acusó a Arthur de aprovercharse de un conocimiento que debía ayudar al ser humano, y no enriquecerse a partir de éste. La prometida de Arthur insultó a Seldon diciéndole que era tonto no utilizar lo que él había creado. Tricia le pidió a Magdeleine que llevase a su hija a la cocina mientras defendía a su marido. Sólo Laura entró en el juego. Los demás callaron mientras la intensidad de la discusión iba in crescendo. Finalmente Alberto Fines, ajeno a la iniciativa, zanjó la conversación con un gran golpe sobre la mesa que los calló a todos. Se dirigió a Arthur diciéndole que el mundo tendría grandes problemas si unos pocos miraban las cartas del resto, y que las cosas eran ya suficientemente injustas como para cargar con otro peso más. La última palabra de Arthur antes de salir de la casa de los Seldon fue que si él no lo hacía, ya lo harían otros con el resultado de que el seguiría viviendo de limosnas universitarias.
     Ninguno de los participantes de la cena de acción de gracia hablarían del suceso. Las relaciones entre Seldon y Kalinowski se enfriaron bajo el invierno ithaquense. Participaron en algunos proyectos en común pero sin la energía de antaño. Esto hizo que Seldon comenzase a colaborar más activamente en la aplicación de las leyes de Kuk a los sistemas sociales pero los primeros resultados fueron decepcionantes. Los sistemas sociales se comportaban de manera totalmente aleatoria bajo la ausencia de grandes fenómenos como guerras o pandemias. El único que parecía enriquecerse con este hecho era Gabriel Rice. Su cinismo parecía encontrarse cómodo con la incapacidad de predicción el futuro de la humanidad. A menudo le recordaba a Seldon que la economía mundial se mantenía a salvo gracias a esa dosis social impredecible. Tras un par de años Seldon aceptó que las leyes de Kuk no podían aplicarse a todos los sistemas complejos. Lo hizo mientras leía el New York Times y tomaba un café en Tribeca. El sol se ocultaba en el horizonte, entre el río Hudson y los rascacielos de Nueva Jersey. Aceptó que debía dejar de buscar la misma respuesta para todo y comenzar a formular nuevas preguntas. El camarero lo reconoció. Hacía tiempo que Seldon se había convertido en un fenómeno mediático. Charló animadamente con el camarero cinco minutos antes de pagar y dirigirse a la estación de metro de la calle Prince. No pudo evitar una pequeña sonrisa de triunfo. La última noticia que había leído fue que Helmson & Barry Brothers había quebrado.
     Seldon se enteró de la muerte de Gabriel Rice una fría mañana de marzo. Se dirigía hacía su despacho cuando lo interceptó Gregor. Tenía el rostro enrojecido por el frío. Al principio tartamudeó. Las palabras se atascaron en su garganta. La muerte de un amigo es siempre dificil de digerir pero es aún más difícil de vomitar. Seldon no lo comprendió hasta que articuló el nombre de Gabriel. Entonces Seldon se desplomó. Se sentó en uno de los bancos junto al edifico Rice y se quitó las gafas. Comenzó a llorar mientras sentía como una losa aplastaba su corazón.